| El jabalí,
especie de la familia de los porcinos, es un animal rudimentario
y tosco. Posee una increíble capacidad de adaptación
a un sin fin de ambientes, desde los nevados montes europeos hasta
las grandes amplitudes térmicas en los montes pampeanos de
la República Argentina, en América del Sud.
El jabalí tomó esta región
aproximadamente en 1906, planteándolo como cabeza de playa
para colonizar enormes extensiones del territorio argentino, superando
así los límites provinciales.
Es un animal de costumbres nocturnas, ya que la
mayor parte del día prefiere descansar en la seguridad
de los "dormideros", los cuales generalmente están
en lo más profundo del monte.
Su actividad comienza con la puesta del sol. Aquí,
momento en el cual el jabalí se adueña del monte,
recorre grandes distancias, en busca de agua o alimento.
Es interesante reparar aquí y conocer que
el jabalí es omnívoro y al parecer se preocupa por
dejar bien asentada esta particularidad de la especie, ya que
come todo lo que está a su alcance, desde sembrados, pasturas,
chaucha de monte o manzanas sin dejar de aprovechar la oportunidad
de una res muerta u otro tipo de alimento circunstancial a su
paso.
Otro dato interesante del jabalí, es la
fascinación que le producen los revolcaderos, pequeños
ojos de agua lodosa en los cuales se zambulle con propósitos
lógicos, tolerar las altas temperaturas y además
las capas de barro le sirven de aislante contra los molestos insectos.
Su visión es deficiente puesto que no tiene
mayor utilidad para sus actividades diarias, no requiere fijar
su vista en un objeto definido. En contraposición de su
olfato y su oído, los cuales están agudamente desarrollados.
Con ellos puede encontrar fuentes de alimento o posibles amenazas,
los cuales, sin estos sentidos le sería imposible detectar.
Se lo conoce como un animal celoso y desconfiado;
esto se extrema cuando el macho pasa a ser pardillo, puesto que
muestra una desconfianza enorme tomando grandes precauciones antes
de entrar a un tajamar o un revolcadero.
Estas precauciones pueden ser entrar a sotavento
o rodear el área. Amén de esto, es muy común
que el pardillo no entre al tajamar en los primeros momentos,
dejando a las hembras y los "escuderos", mientras él
espera, y hasta no estar seguro de la inexistencia de un peligro,
no salir al monte.
Otra forma de mostrar este instinto de supervivencia
es la alternancia de lugares noche a noche, sin mantener una rutina
diaria, capitalizando así el factor sorpresa de su lado.
Por supuesto que esto está en relación directa a
la tranquilidad a la cual está acostumbrado.
No es anormal que se encuentren cruzas entre jabalí
y chanchos de corral; esto va en desmedro de la pureza de la especie.
Pero igualmente los genes "salvajes" son siempre los
más fuertes y por ello luego de varias generaciones comienzan
a denotar las características básicas del jabalí.
Estas se pueden llegar a notar en sus orejas;
el chancho las tiene grandes y caídas, en contraposición
con las del jabalí, que son más pequeñas
y erguidas puesto que le da una utilidad significativa.
El morro en el jabalí es más en
punta y estilizado. Por supuesto que el color de ambos difiere
considerablemente, además de su contextura física.
Es muy interesante analizar que el jabalí es un animal
extremadamente ágil, aunque no lo parezca. Puede alcanzar
gran velocidad en terreno abierto, pero su especialidad es recorrer,
en caso de peligro, lo más "sucio" del monte,
sin que casi nada pueda interferir en su camino.
En pocas palabras, un animal excepcional.
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